En cuanto bajan las temperaturas y escasea la luz, nuestro organismo se ve sometido a una dura prueba. El invierno no solo trae frío, sino que también viene acompañado de una serie de virus y un cansancio persistente. ¿Por qué somos más vulnerables durante esta estación? Y, sobre todo, ¿cómo podemos evitarlo gracias a una estrategia de prevención específica y a complementos alimenticios de calidad?
Antes de hablar de soluciones, hay que identificar las amenazas. Las enfermedades invernales son en su mayoría de origen viral y se aprovechan de un sistema inmunitario debilitado por el clima.
Es el compañero más habitual del invierno. Provocado por más de 200 virus diferentes (entre ellos los rinovirus), es benigno pero agotador.
Mucho más intensa que un resfriado común, está causada por los virus Influenza (A y B). Puede ser peligrosa para las personas frágiles.
Aunque está presente durante todo el año, alcanza su pico epidémico en invierno. Se trata de una inflamación del sistema digestivo.
No es solo el frío lo que nos enferma, sino sus consecuencias sobre nuestra biología y nuestro estilo de vida:
Para ayudar a tu cuerpo a defenderse, una alimentación equilibrada es fundamental, pero rara vez es suficiente en invierno para cubrir todas las necesidades. La incorporación de complementos alimenticios específicos y de alta calidad (prefiere los biodisponibles) puede marcar la diferencia.
Si solo tuviéramos que quedarnos con una, sería esta. En Francia, se estima que el 80 % de la población tiene déficit de vitamina D en invierno.
Es la vitamina de la vitalidad. Contrariamente a lo que se cree, no previene los resfriados, pero refuerza el sistema inmunitario.
El invierno también es sinónimo de estrés y bajón anímico, lo que debilita indirectamente el sistema inmunitario.
Este mineral es esencial para la síntesis de proteínas y la división celular.
Los complementos alimenticios hacen honor a su nombre: «complementan» una base nutricional sólida. En invierno, la naturaleza nos ofrece productos adaptados a nuestras necesidades para resistir el frío.
Los complementos alimenticios son aliados poderosos, pero deben ir acompañados de un estilo de vida adecuado:
Si se anticipa a la llegada del frío con una cura adecuada y buenos hábitos, tendrá todas las posibilidades de pasar el invierno en plena forma. No espere a que aparezcan los primeros síntomas para actuar: la prevención es su mejor arma.
El trío ganador suele ser la vitamina D3 (para compensar la falta de sol), la vitamina C (para la energía y la inmunidad) y el zinc (por sus propiedades antivirales). El magnesio también se recomienda para combatir la fatiga invernal.
El resfriado se instala progresivamente con secreción nasal y fiebre leve. La gripe ataca de forma brusca: fiebre alta, dolores musculares intensos y fatiga extrema suelen dejar a la persona postrada en cama.
El frío reseca las mucosas nasales (nuestra primera barrera), los virus como el de la gripe son más resistentes en el aire seco y frío, y pasamos más tiempo confinados en interiores, lo que favorece el contagio.
No del todo. No impedirá necesariamente que contraiga un virus, pero los estudios demuestran que un buen nivel de vitamina C puede reducir la duración y la intensidad de los síntomas.
Priorice la biodisponibilidad, es decir, la capacidad del organismo para absorber el producto: una forma liposomal para la vitamina C, una forma orgánica quelada para el magnesio y, por último, una forma oleosa para la vitamina D3.