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Enfermedades invernales: cómo reforzar el sistema inmunitario con complementos alimenticios

23 Dic 2025

En cuanto bajan las temperaturas y escasea la luz, nuestro organismo se ve sometido a una dura prueba. El invierno no solo trae frío, sino que también viene acompañado de una serie de virus y un cansancio persistente. ¿Por qué somos más vulnerables durante esta estación? Y, sobre todo, ¿cómo podemos evitarlo gracias a una estrategia de prevención específica y a complementos alimenticios de calidad?

Índice

Las tres enfermedades más comunes del invierno

Antes de hablar de soluciones, hay que identificar las amenazas. Las enfermedades invernales son en su mayoría de origen viral y se aprovechan de un sistema inmunitario debilitado por el clima.

1 - El resfriado (o nasofaringitis)

Es el compañero más habitual del invierno. Provocado por más de 200 virus diferentes (entre ellos los rinovirus), es benigno pero agotador.

  • Síntomas: secreción o congestión nasal, estornudos, dolor de garganta leve, fatiga moderada.
  • Duración: aproximadamente una semana.

2 - La gripe estacional

Mucho más intensa que un resfriado común, está causada por los virus Influenza (A y B). Puede ser peligrosa para las personas frágiles.

  • Síntomas: aparición repentina de fiebre alta (a menudo > 39 °C), escalofríos, dolores musculares generalizados, dolores de cabeza intensos y fatiga extrema.
  • Duración: de 1 a 2 semanas, con fatiga que puede prolongarse.

3 - La gastroenteritis

Aunque está presente durante todo el año, alcanza su pico epidémico en invierno. Se trata de una inflamación del sistema digestivo.

  • Síntomas: náuseas, vómitos, diarrea, calambres abdominales.
  • Duración: de 2 a 3 días (pero muy contagiosa).

¿Por qué disminuye nuestra inmunidad en invierno?

No es solo el frío lo que nos enferma, sino sus consecuencias sobre nuestra biología y nuestro estilo de vida:

  1. El aire seco y frío: reseca la mucosidad de nuestra nariz, que normalmente actúa como una trampa para los microbios. Una vez superada esta barrera, los virus penetran más fácilmente.
  2. El confinamiento: pasamos más tiempo en interiores, con las ventanas cerradas, lo que favorece la transmisión de gérmenes de una persona a otra.
  3. La falta de sol: este es el factor clave. La disminución de la luminosidad provoca una caída en la producción de vitamina D, un combustible esencial para nuestras defensas inmunitarias.

La estrategia «escudo»: ¿qué complementos alimenticios elegir?

Para ayudar a tu cuerpo a defenderse, una alimentación equilibrada es fundamental, pero rara vez es suficiente en invierno para cubrir todas las necesidades. La incorporación de complementos alimenticios específicos y de alta calidad (prefiere los biodisponibles) puede marcar la diferencia.

Vitamina D3: indispensable

Si solo tuviéramos que quedarnos con una, sería esta. En Francia, se estima que el 80 % de la población tiene déficit de vitamina D en invierno.

  • Su función: activa los linfocitos T, los «soldados» de nuestro sistema inmunitario que atacan a los virus.
  • El consejo: opte por una vitamina D3 de origen natural (a menudo procedente del liquen o la lanolina) combinada con aceite para una mejor absorción.

La vitamina C liposomal

Es la vitamina de la vitalidad. Contrariamente a lo que se cree, no previene los resfriados, pero refuerza el sistema inmunitario.

  • Su función: potente antioxidante, ayuda a proteger las células del estrés oxidativo generado durante una infección y contribuye a reducir la fatiga.
  • Consejo: cuidado con los comprimidos efervescentes repletos de aditivos. Es preferible optar por formas puras o liposomales (encapsuladas en lípidos) que garantizan que la vitamina llegue intacta a las células, una especialidad que se encuentra en expertos como el Laboratorio Inolab.

El magnesio: contra la depresión invernal

El invierno también es sinónimo de estrés y bajón anímico, lo que debilita indirectamente el sistema inmunitario.

  • Su función: regulador del sistema nervioso, ayuda a dormir mejor y a gestionar el estrés térmico y psicológico.

Zinc: el antiviral natural

Este mineral es esencial para la síntesis de proteínas y la división celular.

  • Su función: ayuda a limitar la replicación de los virus en el organismo y reduce la duración de las infecciones respiratorias, como el resfriado.
  • Consejo: el zinc en forma de bisglicinato suele ser mejor tolerado por el estómago y se asimila mejor.

El plato invernal: la base de tu inmunidad

Los complementos alimenticios hacen honor a su nombre: «complementan» una base nutricional sólida. En invierno, la naturaleza nos ofrece productos adaptados a nuestras necesidades para resistir el frío.

  • Apueste por los colores de la temporada: contrariamente a lo que se cree, el invierno está repleto de fuentes de vitaminas. Los kiwis y los cítricos son los campeones en vitamina C, pero no descuide la familia de las coles (brócoli, coles de Bruselas) y las calabazas, ricas en antioxidantes.
  • Cuide su microbiota: se estima que el 70 % de nuestras células inmunitarias residen en el intestino. Para reforzarlas, consuma alimentos ricos en prebióticos (ajo, cebolla, puerros) y productos fermentados (chucrut, kéfir) que nutren las bacterias beneficiosas.
  • Hidrátese con bebidas calientes: en invierno, la sensación de sed disminuye, mientras que la calefacción reseca el organismo. Consuma sopas caseras, caldos ricos en minerales e infusiones de tomillo o jengibre, conocidos por sus propiedades antisépticas.
  • No se olvide de las proteínas: esenciales para la producción de anticuerpos, deben estar presentes en cada comida (huevos, pescado, legumbres o carnes blancas).

Las medidas de protección cotidianas

Los complementos alimenticios son aliados poderosos, pero deben ir acompañados de un estilo de vida adecuado:

  • Ventile su vivienda: 10 minutos al día, aunque haga frío, para renovar el aire y eliminar los virus.
  • Lávese las manos: es la forma más eficaz de detener la gastroenteritis y el resfriado.
  • Cuide su alimentación: la dieta es su primera línea de defensa. Apueste por las frutas y verduras de temporada (cítricos, kiwis, coles, calabazas) para llenarse de nutrientes naturales, y no olvide mimar su microbiota (con fibra y alimentos fermentados), ya que el 70 % de su inmunidad se encuentra en el intestino.
  • Duerma lo suficiente: es por la noche cuando su sistema inmunitario se regenera. La falta de sueño le hace estadísticamente más propenso a contraer un resfriado.

Si se anticipa a la llegada del frío con una cura adecuada y buenos hábitos, tendrá todas las posibilidades de pasar el invierno en plena forma. No espere a que aparezcan los primeros síntomas para actuar: la prevención es su mejor arma.

Preguntas frecuentes: enfermedades invernales

¿Qué complementos alimenticios son imprescindibles en invierno?

El trío ganador suele ser la vitamina D3 (para compensar la falta de sol), la vitamina C (para la energía y la inmunidad) y el zinc (por sus propiedades antivirales). El magnesio también se recomienda para combatir la fatiga invernal.

El resfriado se instala progresivamente con secreción nasal y fiebre leve. La gripe ataca de forma brusca: fiebre alta, dolores musculares intensos y fatiga extrema suelen dejar a la persona postrada en cama.

El frío reseca las mucosas nasales (nuestra primera barrera), los virus como el de la gripe son más resistentes en el aire seco y frío, y pasamos más tiempo confinados en interiores, lo que favorece el contagio.

No del todo. No impedirá necesariamente que contraiga un virus, pero los estudios demuestran que un buen nivel de vitamina C puede reducir la duración y la intensidad de los síntomas.

Priorice la biodisponibilidad, es decir, la capacidad del organismo para absorber el producto: una forma liposomal para la vitamina C, una forma orgánica quelada para el magnesio y, por último, una forma oleosa para la vitamina D3.

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